Valencia. Calles inundadas de gente. Fuego, risas, alcohol y fiesta. Mucha fiesta. Niños, padres, desconocidos, amigos y ancianos. Millones de ojos fugaces al mismo ritmo… con el mismo paso. Ritos paganos auspiciados por la Virgen ante los ojos del faraónico sueño arquitectónico de Calatrava. El sudor, la ilusión y el devenir de todo un año en llamas. Un ciclo que se acaba y el posterior renacimiento.
Y, entre tantas llamas, una nueva luz. No es extraño que su nombre sea Candela.

Hola, navegante.