Tú, que acertaste a naufragar en estas pàginas perdidas, quizás deberías saber... que todos mis invitados gozan aquí de las siguientes virtudes:
- La virtud de enriquecer libremente estos cuadernos con sus ideas en forma de palabras.
- La virtud de aplacar la soberbia voz de mi espíritu acallando el estruendo de mi ignorancia.
- Y, cómo no, la virtud de abandonar este rincón en el momento que les plazca.
A cambio, tan sólo les pido que no busquen lógica alguna en mis palabras.
A punto está de escaparse ya el día. Un día terriblemente largo e intenso que comenzó para mí ayer Domingo por la mañana. Un Domingo tortuoso que no era si no el preludio de una mañana de lunes ajetreada, de una tarde emocionante y de una noche llena de pasión.
Ahora, con la vista un tanto borrosa ya por el cansancio, he decidido dar mi adiós a este día tan especial dejando aquí la huella de un día imborrable en mi memoria. Porque hoy ha sido uno de esos días que sabes que formarán parte de ti para siempre. Uno de esos días en los que miras al mundo desafiante y te permites la osadía de ser de verdad tú mismo.
Pero, claro, qué sentido tienen todas estas palabras para quien ha extraviado su atención en el olvidado rincón donde habitan mis silencios. Supongo que ninguno. Y, sin embargo, resulta difícil explicar el enorme sentido que tienen para mí en estos momentos. Así que aquí las dejo ahora para que “se hundan o naveguen” en la eterna deriva del tiempo y, sin más, me retiro a dormir… con el cuerpo derrotado y el espíritu lleno de aliento.
Aprovechando que mi amigo Nacho me ha pedido que le pasara una lista con los documentales más interesantes que he visto últimamente, he decidido publicar aquí la lista por si a alguien más le interesa.
Eso sí, antes de nada, me gustaría invitaros a dudar de todo lo que dichos documentales puedan decir. Y es que, de un tiempo a esta parte, los documentales han perdido gran parte de su espíritu básicamente divulgativo para pasar a ser puro merchandising y, en muchos casos, pura propaganda interesada. Así que os recomiendo no dar por sentado que todo lo que dicen es verdad y, en los casos en los que algo os impacte especialmente, os invito a contrastar la información antes de formular un juicio al respecto.
Quizás os preguntéis por qué os invito a ver unos documentales a los que yo mismo apenas concedo credibilidad. Bueno, la respuesta es sencilla. Personalmente, creo que el mensaje que nos llega de la ciencia al público general está cada vez más intoxicado por discursos pseudocientíficos que tratan de tergiversar los conocimientos científicos para ofrecer posibles interpretaciones alternativas de la realidad, es decir, una especie de mensaje místico capaz de saciar el vacío espiritual que aqueja a muchos seres humanos.
Ante tal amenaza, creo que la mejor respuesta es precisamente su divulgación ofreciendo, al mismo tiempo, alternativas realmente científicas al respecto. A partir de ahí, que cada cual elija el color de la pastilla que más le guste. Yo, por mi parte, reconozco que el discurso puramente científico me resulta tremendamente emocionante y con eso tengo bastante, pero no por ello me niego a escuchar interpretaciones más ‘poéticas’ de la realidad. Lo único verdaderamente importante, en mi opinión, es saber discernir entre la maravillosa realidad que nos rodea y el no menos fascinante mundo de los sueños.
Lamentablemente, los más recomendables están en inglés y, bueno, entiendo que tragarse un documental de iniciación a la mecánica cuántica en un idioma que no dominas perfectamente sea algo más que arriesgado, pero, aún así, he decidido ponerlos por si algún valiente se decide a intentarlo. Seguro que merece la pena.
“Hay una diferencia mayor entre un hombre que sabe Mecánica Cuántica y otro que no, que entre un ser humano que no sabe Mecánica Cuántica y los otros grandes simios”.
En el año 71 adC, en Apulia, se libró la última batalla (batalla del Rio Silario). Espartaco decidió combatir a pie con todos los demás. Los esclavos, dispuestos a vender cara su derrota, pelearon desesperadamente, pero no pudieron resistir la superioridad de las legiones romanas. 60.000 esclavos, entre ellos Espartaco, cayeron en la batalla. No se pudo localizar el cadáver de Espartaco.
Los romanos hicieron 6.000 prisioneros, y decidieron dar al mundo una lección: todos los esclavos prisioneros fueron crucificados a lo largo del tramo de la Vía Appia entre Capua y Roma.
- Para escuchar el capítulo sólo hay que pinchar el botón de ‘play’ y esperar unos instantes.
- Para descargarlo a tu ordenador, pincha aquí: descargar archivo.
Zeitgeist: expresión del idioma Alemán que significa “el espíritu (Geist) del tiempo (Zeit)”. Denota el clima intelectual y cultural de una era.
Hace unas semanas, discutía con mi amigo Nacho sobre la historicidad de Jesucristo. Yo defendía que dicho personaje pertenecía únicamente a la mitología cristiana, que no había una sola prueba que probara su existencia y que, por lo tanto, no estaba reconocido como personaje histórico.
Dicho debate se extendió a mi amiga Susana, quien apoyaba la misma postura que Nacho. Así que, tras investigar un poco al respecto y descubrir mi error, he querido aprovechar esta ocasión para darles la razón a ambos en ese punto y desdecirme de mis palabras, ya que dicho personaje sí parece estar reconocido mayoritariamente por los medios académicos como personaje histórico.
Dicho esto, e independientemente de mi opinión al respecto, me gustaría invitaros a ver un documental que me recomendó hace un tiempo mi hermano Javi y sobre el que no me explayaré en absoluto. Tan sólo os invito a verlo. Nada más.
Cuando me giré buscándole con la mirada, no esperaba encontrar a un hombre tan alto. Esa fue mi primera impresión de él: “Vaya, qué tío tan alto”. Y no es que yo sea una persona especialmente baja, ya que mido uno ochenta, pero él escocés de quien os hablo es una de esas personas que hacen bajito a casi cualquiera. Por cierto, no quiero citar su verdadero nombre, así que le llamaré… Duncan.
Mientras cruzaba la calle para encontrarme con él, se giró hacia mí con una enorme sonrisa. Me acababa de reconocer, y no tardó mucho en regalarme su bienvenida: “Hi, David. I’m Duncan (Hola, David. Soy Duncan).” Ya junto a él, mientras estrechabamos nuestras manos, me percaté del peculiar brillo de sus claros ojos azules. Un fulgor apagado que no conseguía ocultar la sombra de una tristeza prolongada. Sin embargo, dicho brillo era aún muy capaz de iluminar un gesto bonachón de esos que no engañan. Además, el contraste con su pelo canoso, enriquecía su aspecto alegre y jovial, dotándole de cierto aire de señorial… de nobleza. “Parece un actor americano de las películas antiguas. Me recuerda a James Stewart”, pensé.
Me había citado con él en la plaza de Ópera porque ambos ibamos a acudir a la misma fiesta, pero él acababa de llegar a Madrid y no conocía a nadie. Tampoco hablaba español y, aunque quizás me equivoque en esto, creo que la idea de ir con alguien joven le ayudaba a sentirse menos extraño en una fiesta para la que él quizás se sentía un tanto mayor ya. Al fin y al cabo, Duncan tiene 52 años y, no nos engañemos, a esa edad seguro que a todos nos asaltaría la duda de ser demasiado mayor para la fiesta. Por suerte, el ambiente que nos esperaba no invitaba a uno a sertirse un extraño.
Un rato más tarde, tras contarme un poco de su vida y alguna curiosidad tal como que sus antepasados directos fueron una vez reyes de Escocia, se perdía entre la multitud de la fiesta dejándome a solas con dos amigas con las que había quedado. Y es que mis amigas no hablaban inglés y además demostraban tener un especial interés en mí, así que debió pensar que no terminaba de encajar en esa situación. Antes de irse, puso su mano sobre mi hombro, me miró con una sonrisa complice y dijo: “They are gonna kill you. (Van a acabar contigo).”
No le volvería a ver hasta un par de horas más tarde, cuando, estando con otro grupo de amigas, se acercó a mí para saludarme. Su rostro, ya enrojecido por el alcohol, había tornado su expresión bonachona en la imagen de un niño pícaro con ganas de hacer alguna gamberrada. Yo le invité a sentarse con nosotros y, como era de esperar, no tardó mucho en acosar a mis amigas. Ante la creciente incomodidad de ellas y como nexo de unión entre ambas partes, tuve que reprenderle por ello. No de manera directa, sino sugiriéndole que había de cambiar su forma de seducir a las mujeres españolas: “Treat them like cats, Duncan. Don’t push them. If they like you, they will let you know. Just wait for the signal. (Trátalas como gatos. No las presiones. Si les gustas, te lo harán saber. Tan sólo espera la señal.)”
Él me miró como un niño avergonzado. Sabía cuál era el verdadero significado de mis palabras y me agradeció que hubiera sido tan cortés al reprenderle de esa manera. También me confesó que nunca había sabido cómo conquistar a las mujeres y que eso le había llevado a estar solo en la vida. Visiblemente emocionado, me contó cómo las dos mujeres de su vida, a las que había amado profundamente, le habían rechazado. Cuando no pudo contenerse más, rompió a llorar. Al ver las lágrimas caer de sus ojos azules, supe que me encontraba ante un hombre que sentía que había perdido su oportunidad en la vida. Yo no sabía muy bien cómo consolarle y le dije que al menos lo había intentado y que debía sentirse orgulloso de ello. Por suerte para mí, en ese momento comenzó a sonar el ‘Boys don’t cry’ (Los chicos no lloran) de los Cure, así que ambos nos echamos a reir.
Cuando paramos de reir, él se inclinó hacia mí y me pidió disculpas por haberse echado a llorar. Yo le dije que no se preocupara, que no tenía por qué disculparse. Y añadí: “Boys don’t cry, Duncan. But men do. (Los chicos no lloran, Duncan. Pero los hombres sí.)”
Os aseguro que la sonrisa que me devolvió tardará mucho tiempo en borrarse de mi memoria.
Love will tear us apart (Que el amor nos haga trizas) - Joy Division
When routine bites hard
And ambitions are low
And resentment rides high
But emotions won’t grow
And we’re changing our ways
Taking different roads
Love, love will tear us apart again
Why is this bedroom so cold?
You turned away on your side
Is my timing that flawed?
Our respect runs so dry
Yet there’s still this appeal
That we’ve kept through our lives
Love, love will tear it apart again
Love, love will tear it apart again
You cry out in your sleep
All my feelings exposed
And there’s a taste in my mouth
As desperation takes hold
Yet, that something’s so good
Just can’t function no more, when
Love, love will tear us apart again
Love, love will tear us apart again
“De toda memoria, sólo vale el don preclaro de evocar los sueños.” - Antonio Machado
Dejadme que hoy le ponga banda sonora a mi pasado más reciente con la melancólica voz de Roy Orbison, porque hoy necesito inundar estas páginas de añoranza y tristeza. Algo para lo que he querido rescatar ‘In dreams’, una conmovedora canción con la que abandonarme a ese reino interior donde la imaginación pinta de blanco la cruda realidad para trazar sobre ella una realidad más bella. Supongo que es así como siempre, desde muy niño, he conseguido liberarme de las emociones negativas que poblaban mi alma. Ya sea convirtiéndolas en música, en palabras o, simplemente, cantándolas lejos de mí. Así pues, dejadme que hoy también aleje mi pesar de esta manera.
Además, a los que os sintáis dispuestos a acompañarme en este momento de redención, os invito a escuchar esta canción apropiándonos de sus palabras para dotarle de un sentimiento de dolor aún más profundo. Manteniendo las palabras, eso sí, pero cambiando su destinatario.
Y es que esta canción, que nos habla de un amor que sólo es posible en el jardín en el que brotan nuestros sueños, ofrece una interpretación bien distinta al ponernos en la piel de Roy Orbison quien, poco tiempo después de grabarla en 1963, perdería a su esposa Claudette tras un accidente de moto en 1966 y, un par de años más tarde, a sus dos hijos en un incendio. Supongo que para el bueno de Roy, sería poco menos que imposible escuchar esta canción sin teñir su significado con el amargo sabor de su tragedia personal. Es fácil, pues, imaginarle escondido tras sus eternas gafas negras evocando la sentida presencia de su familia perdida.
Al menos, los seres humanos hemos sido bendecidos con el don para evocar nuestros anhelos y, afortunadamente, nunca nada podrá robarnos el inmenso tesoro de nuestros sueños.
En sueños
Un duende burlón al que llaman Hombre del Saco (*)
se cuela de puntillas en mi habitación cada noche
para cegarme con su polvo de estrellas y susurrarme:
‘Vete a dormir. Todo va bien.’
Cierro mis ojos, y entonces me alejo.
En la magia de la noche, evoco una oración
silenciosa tal y como hacen los soñadores.
Y me duermo para soñar, para soñar contigo.
En sueños paseo contigo. En sueños hablo contigo.
En sueños eres mía todo el tiempo.
Juntos, en sueños, en sueños.
Pero justo antes del amanecer, me despierto y no estás.
No puedo evitarlo, no puedo evitarlo, por más que llore.
Pues te recuerdo diciéndome adiós.
Qué pena que algo tan bello sólo pase en mis sueños.
Sólo en sueños. En maravillosos sueños.
* Literalmente, Mr Sandman. Sería el equivalente a nuestro Hombre del Saco en la cultura anglosajona, a diferencia que Mr Sandman (el Hombre de Arena) arrojaba arena a los ojos de los niños que no se dormían.
In dreams
A candy-colored clown they call the Sandman
tiptoes to my room every night.
Just to sprinkle stardust and to whisper:
‘Go to sleep. Everything is alright.’
I close my eyes, then I drift away.
Into the magic night, I softly say
a silent prayer like dreamers do.
Then I fall asleep to dream my dreams of you.
In dreams I walk with you. In dreams I talk to you.
In dreams youre mine all of the time.
We’re together in dreams, in dreams.
But just before the dawn, I awake and find you gone.
I can’t help it, I can’t help it, if I cry.
I remember that you said goodbye.
It’s too bad that all these things
can only happen in my dreams.
Only in dreams, in beautiful dreams.
Desde que tengo uso de razón, si es que alguna vez la he tenido, siempre he sentido la Navidad como unas fiestas felices que significan, sobre todo, la reunión de mi gran familia. Un momento muy especial en el que tenemos la oportunidad de juntarnos para, bebiendo y riendo, agradecer que todos estemos bien y recordar a quien ya no está con nosotros. Y son estos, permitidme que os diga, unos momentos únicos y mágicos.
Sin embargo, soy consciente de que estas fechas suponen un duro trance para muchas personas cuyas circunstancias no han sido quizás tan favorables. Personas para quienes estas fiestas suponen una verdadera tortura pues le recuerdan constantemente aquello que más añoran. Una perspectiva esta un tanto complicada de manejar, pues condena a aquellos que la padecen a echar de menos lo que nunca tuvieron o una vez perdieron, en vez de disfrutar de aquello que realmente tienen. Aparentemente, un grave error que invita a un torrente de males a colarse directamente por la ventana de nuestra casa. Unos invitados nada gratos que transforman lo bello de la vida en una pesadilla de miedos y sombras.
Porque a lo largo de nuestras vidas, todos vivimos situaciones que nos hacen reir o llorar. Es algo inherente a la propia vida que unos días amanece para sonreirnos y otros para reirse a nuestra costa. La vida es sencillamente así y, definitivamente, no va a cambiar. Por ello, hemos de ser nosotros quienes aprendamos a encajar sus envites y afrontarlos desde la perspectiva correcta. De tal manera que, aunque las circunstancias de la vida no nos sean favorables, seamos capaces de vivir con ilusión. Llorando cuando toque, claro está, pero sin perder la capacidad de disfrutar cada momento.
Y es que, en realidad, la felicidad no tiene que ver con nuestras circunstancias personales, sino con nuestra capacidad para afrontar tales circunstancias de manera que no sólo no nos debiliten, sino que además nos fortalezcan. Una capacidad que nos ayude a mantener la felicidad cercana al presente y a ahuyentar las penas hacia el olvido. Una capacidad que nos invite a abrazar la ilusión y a llenarnos de valor frente al miedo. Una capacidad que nos anime a perdonar nuestros errores y a vernos con la misma generosidad con la que vemos lo ajeno. Una capacidad, en definitiva, que nos impulse a confiar en la vida aún en los peores momentos.
En eso consiste el oficio de vivir, y en su arte está la felicidad. Un arte que se aprende y se cultiva día a día, instante a instante. A menudo a base de lágrimas, es cierto, pero también a base de sonrisas que son tan reales como las heridas más dolorosas. Ya decía Séneca que ‘antes se nos acabarán las lágrimas que las razones para derramarlas’. Así que bien harás en alejarte de la tristeza, porque la belleza de nuestras vidas se esconde precisamente detrás de nuestras lágrimas.
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Para una persona a la que quiero mucho y que está pasando un momento muy difícil. Ánimo, confianza y, sobre todo, no tengas miedo. Todo va a salir bien.
Contaba Suetonio que, allá por el 69 a.C., se encontraba Julio César visitando el Templo de Hércules en Ad Herculem (actual San Fernando) cuando “al contemplar una estatua de Alejandro Magno se echó a llorar, como avergonzado de su inactividad pues no había hecho todavía nada digno de memoria en una edad en la que ya Alejandro había conquistado el orbe de la tierra“.
Reconozco que me cuesta mucho ponerme en el lugar de una persona que vivió y murió hace dos milenios para plantearme cuál podría ser su visión de la vida. Teniendo en cuenta la escasa esperanza de vida en aquellos años, es de suponer que la urgencia por trascender fuera un elemento de presión mucho más presente en aquellos días de lo que lo es en nuestra sociedad actual. Quizás sea precisamente esa la razón por la cual siempre me ha fascinado la pasión vital (no sabría expresarlo de otra manera) que demostraron nuestros antepasados en sus cortas pero intensas vidas.
Sin embargo, y a pesar de haber nacido y crecido en un mundo tan distinto del romano como es el actual, reconozco que me resulta sencillo entender la reacción de Julio César de la que Suetonio habla. Supongo que yo mismo he tenido muchas veces un sentimiento similar al pensar en la vidas de personas como Anibal, Alejandro Magno, Alarico, Viriato y tantos otros más. Todos ellos con una vida tremendamente apasionada e intensa.
Quizás el sentimiento del que hablo no sea más que envidia, soberbia o un simple delirio de grandeza. Sinceramente, no lo sé. Aunque imagino que es una sentimiento natural en los seres humanos. Como un grito que brota de nuestra naturaleza más instintiva para llamar nuestra atención y recordarnos la temporalidad de nuestra presencia en este planeta, así como la grandeza que envuelve al hecho de tener la oportunidad de vivir nuestra propia historia.
Sin embargo, a menudo siento que esta sociedad nuestra, con sus falsas necesidades y prisas, nos roba la tutela de nuestros propios pasos y, así, la oportunidad de jugar nuestro propio papel en la historia de nuestras vidas. Un papel que nadie debería dictar, nadie excepto quizás el propio impulso que nos guía de manera instintiva. Pero no es así. Y con la atención distraída en aspectos ajenos a la verdadera importancia de nuestras vidas, somos empujados de manera sutil, casi imperceptible, pero firme e inexorable hacia el ocaso de nuestros días.
Pero disculpadme si el tono de mis palabras denota cierta tristeza o desesperanza, pues no es mi intención. Es sólo que debo haberme dejado llevar por la nostalgia al recordar el paseo furtivo que disfruté ayer entre las ruinas romanas de Baelo Claudia- situadas en el magnifico enclave natural que atesora la Ensenada de Bolonia. Allí, curioseando completamente solo entre las ruinas del teatro, cerraba mi ojos y casi podía sentir el calor de las personas que una vez acudieron aquí con una única motivación: escapar de la rutina diaria brincando a los lomos de la ensoñación para formar parte de alguna historia remota y emocionante.
Dos mil años después, sólo queda el esqueleto inerte que atestigua su existencia y, sin embargo, ¿por qué resuenan aún sus risas en mi cabeza?
Decía Einstein que Dios no juega a los dados. Tal era su forma de defender la existencia de una única fórmula que explicara el funcionamiento del universo de manera global, y no usando unas leyes físicas para los sistemas a pequeña escala (mesoscópicos / atómicos) y otras para los sistemas a mayor escala (macroscópicos).
Y es que, pocos años después de publicar su Teoría de la Relatividad General, las bases de dicha teoría temblarían ante la promulgación del Principio de Incertidumbre por parte de Heisenberg, mediante el cual, se deducía la imposibilidad de efectuar mediciones simultáneas de la posición y velocidad de una partícula con precisión infinita. Es decir, el universo a nivel cuántico se comportaría de manera virtualmente impredecible y, por lo tanto, no estaría sujeto a la física/mecánica clásica en la que dicha posición y velocidad se podría hayar mediante un cálculo de trayectorias. Así, esta nueva lógica, la Mecánica Cuántica, tan sólo podría predecir las distintas posibilidades que dicha posición y velocidad podrían tener en ese plano subatómico o universo cuántico. En definitiva, la Ley de la Relatividad General de Einstein sólo sería válida en sistemas en los cuales los efectos cuánticos no fueran relevantes. O dicho de otra manera, su teoría ya no era tan general.
Como decía al principio, Einstein renegó de la mecánica cuántica, y se obsesionó en la búsqueda de una teoría que unificara la fuerza gravitacional y la fuerza electromagnética, ampliando la genial unificación de electricidad y magnetismo formulada previamente por Maxwell. Sin embargo, anclado en su creencia, no contempló los avances de la mecánica cuántica en sus estudios. Algo que, a la postre, le distanciaría definitivamente de la ciencia más vanguardista de su época y de la que él mismo había sido estandarte unos años atrás. Al final, el ocaso de sus días llegó antes que una respuesta para su búsqueda… quimérica, paradigmática y un tanto quijotesca.
Hoy, 52 años después de su muerte en 1957, la teoría unificadora que buscaba Einstein empieza a cobrar sentido precisamente de la mano de una teoría desarrollada por la rama científica que el propio Einstein desdeñó: la mecánica cuántica. Dicha teoría es La Teoría de Cuerdas, candidata principal a unificar las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza: la fuerza gravitacional, la fuerza electromagnética y las fuerzas de interacción fuerte y débil.
En fin, un teoría para la esperanza de comprender el universo en toda su dimensión: una teoría de todas las cosas. Una herramienta con la que interpretar un universo cuya mecánica es de momento incomprensible para nosotros. Ante él, somos poco más que monos golpeando un reloj, incapaces de comprender por qué se mueven sus manecillas, ni el sentido de su matemática cadencia mortal.
Pero, no nos pongamos dramáticos. Porque, aunque no entendamos el sentido de nada, al menos sí tenemos la oportunidad de disfrutar de un espectáculo majestuoso que sube el telón cada día para nosotros. Un teatro mágico iluminado por los focos de un millón de estrellas y un asiento en primera fila para la mejor función que nadie pudo jamás imaginar: nuestras vidas.
Es curioso que, hasta que David Serrano hizo “Días de fútbol”, nadie (que yo sepa) hubiera llevado aún al cine la historia de los equipos de fútbol de barrio. Un acontecimiento tan entrañable y que tan a menudo se repite en esta España nuestra donde cientos de miles de grupos de amigos se juntan cada fin de semana para echar una pachanguita. No importa que sea fútbol sala, fútbol 11 o fútbol 7. Poco importa el nivel de juego o los resultados. Lo importante es olvidarse un rato del mundo, jugar a ser niño de nuevo y, sobre todo, pasarlo bien. Eso por no hablar de las cervecitas postpartido, es decir, el tercer tiempo. Una excusa ideal para juntarse en el bar y echarse unas risas rememorando las jugadas claves del partido y hacer chascarrillos sobre cómo mejorar el funcionamiento de un equipo que, por regla general, suele ser maravillosamente lamentable.
Es por estas razones que este año he decidido apuntarme de nuevo a un equipo de fútbol7: el Bakos FC, equipo de fútbol mi pub de cabecera, el Bakos. Y la verdad es que me lo estoy pasando pipa con el grupo de gente que nos hemos juntado. Lo bueno es que todos tenemos claro que el equipo no es más que una excusa para divertirnos y, hasta el momento, así está siendo. De hecho, hemos incluso montado nuestra propia página web del equipo para subir los vídeos y las fotos que hacen nuestros colegas de los partidos. En fin, una magnífica excusa para juntarse con los amigos y pasarlo realmente bien.
Esta noche jugamos contra Domingol (decidme que no es encantador), así que, mientras me concentro para tan trascendental encuentro, os dejo con un vídeo del resúmen de la primera jornada de la liga que se ha currado Dani y con el enlace a la página de nuestro equipo por si queréis mostrar vuestro apoyo. Por cierto, buscamos fans, jeje.
¡¡¡ Muchas felicidades a mi hermano Dani que cumple 30 años hoy!!!