En sus sueños, Pierrot muere una y otra vez. Sus ojos se cierran cada noche para recibir con serenidad el frí­o abrazo de la muerte. Sabe que este será de nuevo el último dí­a de su vida y, aún así­, sonrí­e mientras avanza sin miedo hacia la oscuridad.

A su paso, la seda caida que viste a las veletas le indica la dirección en la que el viento sopla. Y, allí­, divisando el horizonte en busca de su amanecer, es invencible. Esta noche su viaje no hecho más que comenzar y, sin embargo, está ya tan… tan lejos.


Hay 2 comentarios

  1. barbarita
    viernes, 24 de abril de 2009 a las 09:47

    me encantaron los poemas son muy bonitos y me llegaron demasiado senti mucho al leerlos fue como leer unas pequeñas situaciones que en mi vida ocurrieron.espero sigan subiendo mas…adios…barbara.

  2. martes, 5 de mayo de 2009 a las 11:07

    Gracias, Barbarita.