De nuevo la noche atrapa a Pierrot mientras contempla las estrellas. Sus ojos inquietos admiran la culminación del viaje más largo jamás soñado. Una mirada fugaz a la eternidad que se esconde cada noche con la llegada de un nuevo dí­a.

Ante él se muestra la paciente obra trazada por un pulso que no teme a ese enemigo tan humano que es el discurrir del tiempo. Un discurso hecho luz destinado a sobrevivir verdades y mentiras. Un diálogo sin palabras que nos habla del insalvable abismo de la soledad y de la obstinada tendencia a caer de nuestros cuerpos en movimiento.

Y, en ese momento cualquiera, las estrellas le vuelven a explicar a Pierrot que no hay momentos que no merezcan una caricia, una sonrisa o un beso. Le recuerdan que la felicidad es un ejercicio de confianza en la vida y que el miedo nos roba un momento tras otro… un tesoro tras otro. Comprende, en definitiva, que la cadencia que marca nuestros pasos no atiende a la lógica que gobierna nuestras bibliotecas, sino a los latidos de nuestro propio corazón.


Hay 10 comentarios

  1. lunes, 18 de septiembre de 2006 a las 01:24

    Bonito escrito, un ponedebuenas muy bien trazado. Gracias.

  2. martes, 19 de septiembre de 2006 a las 02:29

    🙂

  3. pablo
    viernes, 10 de noviembre de 2006 a las 00:07

    son excelentes tus textos sobre pierrot.
    yo soy un fantatico de el, me siento muy identificado, por avisame cuando vuelvas a publciar otro texto.. y q sea pronto!!!
    jajaj
    buena suerte y hasta luego

  4. viernes, 10 de noviembre de 2006 a las 18:34

    Muchas gracias por tu generosidad, Pablo. Sin ánimo de falsa humildad, considero mis textos objetivamente mediocres, pero no por eso voy a relegarlos a un plano oculto de mi vida. Me gusta escribirlos de vez en cuando y ahí­ los dejo, como dijera Lord Byron, para que se hundan o naveguen.

    Por otra parte, supongo que entenderás que no puedo compromerme a avisarte cuando escriba uno nuevo. Si realmente te gustan, vuelve por aquí­ de vez en cuando. Mis palabras estarán deseando cumplir con su naturaleza: ser leí­das.

    En cualquier caso, gracias. 🙂

  5. Pablo
    jueves, 1 de marzo de 2007 a las 04:29

    y al final nunca mas escribiste…
    o me equivoco?

  6. jueves, 1 de marzo de 2007 a las 13:33

    Bueno, Pablo, simplemente surgen. Si tuviera que hacerlo de manera premeditada, no lo harí­a. Supongo que en cualquier momento volverá esa voz para decirme: ‘Hola, David. Tengo algo que decirte’.

    Así­ es como funciona. 😉

  7. Hecate
    lunes, 21 de mayo de 2007 a las 17:48

    – Espejo rombo, máscara de Arlequí­n, ¿qué teatral pasión me atrapó?- Pregunta Colombina.
    Pierrot crea la intriga.Rompe el espejo, respuesta de la que él querrí­a su roja historia.
    (Hecate)

  8. martes, 22 de mayo de 2007 a las 20:09

    – 😀

  9. =)
    lunes, 15 de octubre de 2007 a las 04:06

    Holaa!! me encantan estos fragmentos de Pierrot, son muy buenos..
    Sólo kiero preguntarte.. tienes un fotolog??
    es ke ahí­ los encontré primero, y luego los comencé a buscar en Internet.
    saludos!

  10. martes, 16 de octubre de 2007 a las 17:41

    Hola, sonrisa. Gracias por lo que dices de los fragmentos.

    Respecto a tu pregunta, no, no tengo fotolog de esos. Y la verdad es que no entiendo bien eso que dices de que los encontrastes ahí­ primero. No sé… ¿Qué quieres decir?

    Salu2

    😀