Bueno, pues ya estoy de vuelta en casa y, aún después de una sobada de 12 horas, he de reconocer que sigo bastante hecho polvo. La última parada en Zaragoza fue simplemente demoledora. Supongo que el hecho de no haber dormido en toda la noche, la resaca de la improvisada fiesta en casa de Eva de la noche anterior (qué buena, ¿verdad, Jesús?), el trancazo que arrastro los últimos dí­as y el viaje en sí­; han agotado mi precaria reserva energética. Ay, que ya no está uno para estos trotes.

El caso es que tampoco me voy a quejar. Zaragoza ha sido el culmen de esta escapada. Sergio, Jesús y Daniel han sido unos anfitriones magní­ficos. A ver si podemos estar nosotros también a la altura cuando nos devuelvan la visita.

Por cierto, allí­ Sergio (a.k.a. Ivan) nos contó la historia del rapto de Fluvi, mascota de la Expo de Zaragoza 2008, por parte de un «comando antiExpo». Vivir para ver. Os dejo con el ví­deo reivindicativo de dicho comando:

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